Despeinada y casi desnuda
Dios mío, cuando la he visto aparecer..., despeinada y casi desnuda... Todavía no entiendo qué poder ha conseguido hacerme frenar el deseo de abalanzarme hacia ella. Debo controlarme. Calmar mi respiración y conseguir que mi cerebro deje de responder a su recuerdo. Lo froto con furia con ambas manos, olvidando por un momento que mis dedos están doloridos, lo que hace que mi mueca de dolor no tarde en aparecer. ¡Joder, qué pechos! Su caída natural y su tamaño medio son factores que a partir de ahora marcaré como necesarios en mis próximas conquistas. Su rubor, el sofoco del susto de encontrarnos tan pronto en casa y su quietud ante mí escrutadora mirada no han hecho más que confirmarme que puedo estar dentro de su cuerpo en cualquier momento, dominando, siendo el crío que le proporcione lo que ella necesita. He tenido que escapar de la planta baja y encerrarme en la habitación de invitados para evitar que mi erección fuera conocida por ambos. No, no me importaría que Dania viera lo que